TESTIMONIO

¡La vida es una historia de amor! Una construcción del mañana a partir del hoy con Aquél que es “El Camino, la Verdad, y la Vida” (Jn 14, 6).
Antes era profesora. Ahora quiero ser Carmelina. No estaba en mis proyectos, pero Dios me reveló sus designios.

El día 22 de septiembre de 2003 vine por primera vez al Carmelo para hacer una visita. Fui invitada para escribirle a la Hermana Lucía. Me ofrecieron un libro de Santa Teresita y entré en la Iglesia. No tengo palabras para transmitir lo que sentí junto a Jesús en el Sagrario. Él estaba allí por Amor…

Volví para Aveiro, donde residía, y surgió la oportunidad de participar en el Encuentro Anual del Carmelo Joven, que se realizaba en el Santuario del Niño Jesús de Praga, en Avessadas. El tema del encuentro era “San Juan de la Cruz, Pastor de Contemplativos”. Resonó en mi mente el cántico espiritual (Canciones entre el alma y el esposo) de San Juan de la Cruz y el pensamiento de Santa Teresa de Jesús que figura en la llave del cuarto donde me alojé “Sólo el Amor da valor a todas las cosas”.

Pasados algunos días recibo una carta de la Madre Priora que, a petición de la Hermana Lucía, transmitía la ayuda de sus oraciones por mis intenciones, en especial la petición de luz del Espíritu Santo para mi camino. La Madre también estaba orando. Sentí, entonces, el deseo de saber cómo era la vida de una Carmelita y todo el misterio que la envuelve. Volví al Carmelo y conversé con la Madre. Le dije la hipótesis de hacer una experiencia con las Hermanas. Hablé con el Padre Pedro, que era el confesor de la comunidad. En Fátima, en los días 12 y 13 de octubre de 2003, pedí auxilio a Nuestra Señora para que me ayudase. Unos días después conocí a la comunidad del Carmelo y más tarde llegó la respuesta de la Madre diciéndome que me recibían.

Yo aguardaba colocación en una Escuela. De hecho recibí tres llamadas de Escuelas comunicándome que había plaza para Profesor de Matemáticas y Ciencias de la Naturaleza y si estaba interesada y por tres veces la rehusé. Comuniqué a mis padres que quería hacer una experiencia de vida contemplativa con las Hermanas Carmelitas de Coimbra. Esta noticia fue ocasión de tristeza y de dolor para mi familia. Entré en el Carmelo el día 25 de octubre de 2003 para un tiempo de experiencia.

En enero de 2004 volví con mi familia. Las dudas me asaltaban, comenzaba la época de los concursos para el nuevo año lectivo. Recordé entonces los pensamientos de Santa Teresa de Jesús “Dios jamás falta a quien Le sirve”, “Sólo el Amor da valor a todas las cosas”. Entre tantas dudas y tan grande luz, decidí entrar en el Carmelo el 7 de marzo de 2004.
Ahora en el Carmelo, como nos dice la Beata Isabel de la Trinidad “Es preciso separarse de todo para poseer a Aquél que es Todo”. Al principio el silencio era una de las muchas dificultades que sentí. La vida de una Carmelita se caracteriza en su entrega total a Dios, en el silencio, en la soledad, en la oración y abnegación evangélica, así como por la penitencia alegre. La obra es de Dios. Él dirige nuestros movimientos, como nos recuerda el Santo Padre: “¡No tengáis miedo de daros a Cristo! Él no quita nada, da todo” (Benedicto XVI).

El día 8 de diciembre de 2009, me fue concedida la gracia de dar mi “SÍ” para siempre a Jesús…

Mi corazón está alegre porque se sabe pequeño y pobre, desborda en una oración confiada: “Madre Inmaculada decid conmigo el SÍ a Jesús cada día, a cada hora, en cada instante de mi vida. Un renovado ofrecimiento a la voluntad del Padre, como Cristo “mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre” (Jn 4, 34).

Unida a Ti, Jesús, a Tu acción Redentora, en la Eucaristía, quiero ser contigo hostia viva para la salvación de la Humanidad. Con el Espíritu Santo todo Te ofrezco: el amor, la oración, las alegrías, las tristezas, el trabajo, el sufrimiento…, todo. Ser Contigo verdadera esposa, intercesora, mediadora, madre… “para que el mundo tenga vida y vida en abundancia” (Jn 10, 10).

Como nos dice Santa Teresa de Jesús “El Verdadero amante en todas partes ama y siempre se acuerda del Amado” (Fundaciones 5, 16). Así seamos todos, cada uno en su camino, en el Proyecto Amoroso del Padre, en una Verdadera Comunión cada vez más profunda con la Trinidad.

Con María Santísima y San José alabemos a la Trinidad Santísima, Amor Infinito, Alegría y Paz sin fin.

Hermana Lucía María de la Inmaculada Concepción